lunes, 27 de junio de 2016

Mi Mac y yo

Trabajando en IT es normal que consideres a las máquina como algo más que meros instrumentos. Parece increíble pero a veces pienso que están vivas. En el fondo un ordenador se comporta como un gato. Solo hace lo que tú quieres, pero si él quiere.

Las frustraciones suelen crecer exponencialmente cuando te enfrentas a algún problema que no puedes resolver: una aplicación que se para, un ordenador que no arranca o uno que se niega a hacer lo que tu le has dicho.

He de reconocer que el nivel de frustración se redujo mucho desde que me cambié a Mac. A mí me introdujo al Mac un ex mio. Tenía un Mac Book Pro y me parecía el ordenador más sexy del mundo. Todo de aluminio, tan plateadito, con su manzanita fosforescente. Me hice con uno, de segunda mano, y desde entonces mi relación con la informática ha cambiado. El pobre lleva conmigo desde el 2013 y ya era del 2011.

El año que viene tengo planeado cambiarlo porque el pobre ya necesita un retiro. Pero no puedo evitar sentirme como alguien que está preparando una infidelidad, buscando el momento apropiado para romper con el antiguo y empezar con el nuevo. Solo espero que no empiece a comportarse mal en estos últimos tiempos. 

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